
Descripción visual
In the moonlit Hotel San Nicolás ruins, Max illuminates a hand-painted restoration vision on plywood while Sofía studies the honest future of the courtyard.
Capítulo 43
La Propuesta (De Negocios)
Max · 3 min
Martes por la noche
Hotel San Nicolás (Las Ruinas)
—¿Por qué estamos aquí, Max? Está oscuro. Y técnicamente, el sitio está cerrado.
—Confía en mí —dije, guiando a Sofía a través de la puerta peatonal con mi linterna.
El San Nicolás estaba en silencio. La luz de la luna se filtraba a través del techo abierto, proyectando largas sombras plateadas a través de los arcos de piedra. El mármol falso había desaparecido —triturado y retirado por el equipo de Raúl ayer. El patio era tierra desnuda y piedra antigua.
Se veía honesto.
—Recibí mi primer cheque del Ministerio hoy —dije, acompañándola al centro del patio—. Cincuenta mil pesos.
—Hombre rico —bromeó ella—. ¿Vas a comprar un yate?
—Compré pintura —dije—. Y un nombre de dominio.
Apunté mi linterna a la pared lejana —una barrera temporal de madera contrachapada que Raúl había puesto para proteger la zona de restauración.
En la madera, había pegado una hoja grande de papel arquitectónico.
Sofía se acercó.
Era un renderizado. Pero no generado por computadora. Estaba dibujado a mano en tinta y acuarela.
Mostraba el hotel restaurado. No como un resort brillante, sino como un santuario. Patios abiertos. Jardines colgantes. Arte local en las paredes.
Y en la parte inferior, en letras negritas y elegantes (que había practicado durante horas):
MERCEDES & DELUCA
Diseño | Impresión | Restauración
Sofía lo miró fijamente.
—¿Mercedes & DeLuca? —susurró.
—No puedo hacer esto solo, Sofía —dije, parándome detrás de ella—. Yo conozco la estructura. Conozco la piedra. ¿Pero tú? Tú conoces el alma de este lugar. Conoces el color de la luz. Conoces la historia.
La giré para que me mirara.
—No quiero ser solo el tipo que arregla el edificio. Quiero construir un negocio contigo. Mantenemos la imprenta —ese es el ingreso estable. Pero nos expandimos. Aceptamos proyectos de restauración. Trabajo de diseño. Hacemos que la Zona Colonial sea real de nuevo.
Metí la mano en mi bolsillo.
—No tengo un anillo —admití—. Catalina se quedó con las joyas.
Saqué un juego de llaves. Llaves de latón nuevas y brillantes.
—Pero hice una copia de la llave de la oficina —dije—. La oficina del sitio. Es nuestra ahora.
Sofía miró las llaves. Miró el dibujo. Sus ojos brillaban a la luz de la luna.
—Pusiste mi nombre primero —notó.
—¿Orden alfabético? —mentí.
—Mentiroso —sonrió—. Lo pusiste primero porque sabes quién es la Jefa.
—Eso también.
Tomó las llaves. Cerró los dedos alrededor de ellas con fuerza.
—¿Socios? —dijo—. ¿50-50?
—60-40 —contraataqué—. Tú tienes la camioneta.
Se rió. —Trato.
Envolvió sus brazos alrededor de mi cuello.
—Entonces —susurró—. Mercedes & DeLuca. Suena costoso.
—Muy exclusivo —estuve de acuerdo—. Solo aceptamos clientes que aprecien el buen ron y la mala bachata.
—Entonces estaremos muy ocupados —dijo.
Me besó.
Sobre nosotros, la luna brillaba a través del techo abierto. No había vidrio para bloquearla. Sin filtro. Sin techo.
Solo el cielo.
Y estábamos listos para construir.
La narración aparecerá aquí cuando se añada la grabación final.